sábado, 12 de mayo de 2018

Xian, la capital de Todo Bajo el Cielo

Una visita a la ciudad de Xian puede resultar apasionante. En ella el visitante, no sólo se puede sentir fascinado por la contemplación de los siete mil guerreros de terracota, guardianes de la tumba del primer emperador de China, orientados hacia el este y desplegados en orden de batalla, sino que también el visitante puede acabar dejándose seducir por la ciudad.



Sin duda Xian es uno de esos puntos mágicos que reclaman nuestra atención en el atlas y que señala unos de los lugares con más historia del mundo. Dejando al margen que los primeros restos de homínidos en la zona se remontan a los ochocientos mil años y que los orígenes de los asentamientos, que más tarde darían paso a la ciudad, puedan situarse en torno a los seis mil años antes de Cristo, el dato más apasionante es que, durante unos dieciséis siglos, Xian, antigua Chang’an, fue el punto inicial de una de las vías comerciales más importantes de la historia: La Ruta de la Seda.

Humildemente, unas pequeñas ruinas situadas a las afueras del oeste de la actual Xian, marcan el lugar de partida de un itinerario que se prolongaba a través de Asia hasta Europa, en un recorrido de más de ocho mil kilómetros, que unía China con la Roma Imperial y que recibió el nombre de la principal mercancía que se transportaba: la seda.

La Ruta de la Seda comenzó a utilizarse de forma regular hacia el año 121 a.C., cuando el emperador Wudi, de la dinastía Han, sometió extensos territorios de Asia Central, mediante conquistas y alianzas. La Ruta partía de Chang’an (Xian), recorría la llanura del norte de China, atravesaba las cordilleras de Pamir y Karakorum hasta Samarcanda y Bactriana, para continuar hasta Damasco, Edesa y los puertos mediterráneos de Alejandría y Antioquía. Las caravanas, que en los tiempos de mayor tranquilidad política llegaban a alcanzar los diez kilómetros de longitud, solían traspasarse las mercancías en lugar de recorrer toda la ruta. Las mercancías más habituales eran la seda de China, y lana, oro y plata de Roma.

Xian fue elevada a capital del Imperio Celestial (otro de los nombres con el que referirse a China), con el primer emperador, Qin Shihuangdi, en el año 221 antes de Cristo y se mantuvo como corte imperial con las dinastías Han y Tang hasta el siglo X. Fue con la dinastía Tang cuando la ciudad de Xian y el imperio chino en general, alcanzaron su máximo esplendor en lo que se refiere a la cultura, las artes, las ciencias, la industria y los inventos.


En la actualidad, con su modernidad y con una población de nueve millones de habitantes, todavía siguen vivos su pasado y tradiciones. Ejemplo de ello es como Xian recuerda con devoción su heroína local, Fa Mulan, la muchacha que durante el reinado de los Tang se hizo pasar por soldado y contribuyó, de forma destacada, a rechazar un ataque de los hunos del norte a la capital del imperio. Leyenda que todos más o menos conocemos a través de la película de Disney.

Pero lo que hace a Xian un lugar único y por ello es conocida en todo el mundo, es por albergar el mayor tesoro arqueológico de China. Se trata de todo un ejército, construido en terracota, a tamaño natural y dispuesto en orden de batalla.

El descubrimiento de este fabuloso tesoro arqueológico se produjo en la primavera de 1974, cuando cuatro campesinos de Lintong excavaban un pozo de agua cerca del monte Li, no lejos de la antigua ciudad de Xian. Los labradores se afanaban en cavar junto a una plantación de caquis cuando, casualmente, una de sus palas se topó contra un obstáculo duro. Los cuatro hombres observan como un fragmento de cerámica de color rojizo sobresale de entre la tierra removida. Poco a poco separan la tierra de alrededor del objeto y comienza a surgir una cabeza y, a continuación, un torso humano, cubierto por una especie de armadura, con los brazos sosteniendo firmemente una ballesta y en actitud de estar dispuesto para disparar…

Según una antigua tradición histórica, cerca del pueblo de Lin Tong, a las afueras de Xian, bajo un montón de tierra, en las entrañas de una colina artificial, se encontraba sepultado el primer emperador de China. Las leyendas tenían razón… Acababan de desenterrar la primera figura de terracota, uno de los trescientos treinta y dos ballesteros del monumental ejército de siete mil guerreros que montaban guardia en el mausoleo del emperador Qin Shihuangdi. Poco a poco el hallazgo iría saliendo a la luz…


La disposición de este monumental ejército, en el que cada figura es diferente a las demás, se abre con la infantería ligera, actuando de avanzadilla, seguida de la caballería, compuesta por una formación de lanceros con coraza y otra de caballeros que van a pie, llevando a sus caballos por las bridas o conduciendo carros de combate tirados cada uno por cuatro caballos. Toda la formación está flanqueada por arqueros, con la mitad de ellos de pie y la otra mitad con la rodilla derecha en tierra, mientras que a la retaguardia de la formación se sitúan los generales y altos oficiales, preparados para dirigir la batalla.

En total más de siete mil soldados y más de cien carros de combate, repartidos por un área de más de veinte mil metros cuadrados y distribuidos en tres fosas. En la “fosa número 1” se sitúan más de seis mil soldados de infantería y cuarenta y cinco carros de combate, dispuestos a lo largo de once zanjas.

En la “fosa número 2”, localizada a veinte metros al norte de la “fosa número 1”, se ha encontrado una formación en “L” con mil trescientos soldados en la que, en su parte frontal, se sitúan más de trescientos ballesteros en posición de disparo, la mitad de pie y la otra mitad rodilla en tierra. En el flanco derecho de la formación se disponen sesenta y cuatro carros de combate, con un conductor y dos lanceros en cada uno. Y en el flanco izquierdo se sitúan ciento ocho soldados a caballo, preparados para la ofensiva. En la parte central se concentran diecinueve carros de combate protegidos por soldados de infantería y de caballería.

Localizada a la retaguardia de las dos fosas anteriores, en la “fosa número 3”, hasta el momento se han encontrado sesenta y ocho guerreros, cuatro caballos y un carro de combate. Protegida por las otras dos fosas, las armas simbólicas halladas, la propia indumentaria de los guerreros, la actividad a la que se entregan y por su situación estratégica, todo indica que en esta fosa se encuentra el alto mando, encargado de dirigir a las tropas y el curso de la batalla.


Cada estatua de cada soldado presenta en su uniforme las características propias de su especialidad y las diferencias que corresponden a su empleo o función, rango, etc. Todo el ejército de terracota está armado con alabardas, lanzas de dos puntas, picas, sables, espadas o ballestas auténticas, como si el ejército hubiera sido de hombres vivos, en lugar de estar integrado por estatuas de barro cocido.   

Los Guerreros de Xian están considerados Patrimonio de la Humanidad desde el año 1987 y datan del año 210 antes de Cristo. Se cree que cada figura es singular en sí misma, porque representan a personas que existieron hace miles de años. Cada uno de los guerreros tiene los rasgos definidos, con sus bigotes y peinados. Cada estatua representa una edad distinta, desde jóvenes hasta viejos. Y cada soldado ha sido fabricado con su armadura distintiva y con el rango de cada uno.

El ejército fue enterrado en formación de batalla, ya que el emperador Qin Shihuangdi creía que en la otra vida tendría aún estas tropas bajo su mando. El emperador que unificó China tras la Época de los Reinos Combatientes (el hombre que también ordenó levantar la Gran Muralla), murió en el año 210 a.C. cuando hacía un viaje por la China Oriental buscando el secreto de la vida eterna que, en teoría, se encontraba en una isla llamada La Isla de los Inmortales, pero murió al beber un brebaje que contenía mercurio. El primer ministro que le acompañaba ocultó su muerte a todos los que viajaban con ellos, simulando que hablaba con el emperador dentro del convoy.

Cuatro meses después de su fallecimiento, se anunció su muerte en Xian, a la sazón la capital del imperio que había conquistado a sangre y fuego, y se procedió a enterrarlo en un mausoleo de más de treinta metros de altura y rodeado por muros escalonados de nueve peldaños. Según el historiador Sima Qin, en la construcción de ese mausoleo llegaron a trabajar más de setecientos veinte mil hombres, lo que contribuiría a aumentar la impopularidad del emperador. En la tumba se reprodujo toda la China conocida, con sus accidentes geográficos, sus ríos y sus costas, utilizando mercurio para recrear el agua. Y en el techo se representaron los cuerpos celestes, a escala, con total exactitud. Todo ello se ocultó bajo una colina artificial y, en las inmediaciones, se enterró el ejército de guerreros de terracota que debían protegerle.


En la actualidad, la colina artificial que alberga el mausoleo con los restos del primer emperador aún continúa sin explorar a la espera de que la tecnología y los recursos disponibles, sean los adecuados para no causar daños irreparables en los restos arqueológicos que allí se encuentren. Del mismo modo, también se especula con la posibilidad de que, en los alrededores de la colina de la tumba, puedan aparecer nuevas fosas en el futuro con más soldados de terracota o con otras figuras como cortesanos, sirvientes, músicos, concubinas o figuras representativas de animales de todo tipo.

En los últimos años de su reinado, el emperador Qin Shihuangdi buscó obsesivamente la inmortalidad. Para ello se rodeó de médicos y magos, de todo tipo, con la única misión de encontrar un brebaje que le permitiera vivir para siempre. Al no ser posible, el primer emperador se refugió en las creencias de la época que consideraban que la existencia en el más allá, seguía los mismos ritmos y rutinas que la vida sobre la Tierra. Por eso Qin Shihuangdi decidió hacerse acompañar en la muerte por todo lo que le rodeaba en vida, sin escatimar lujos y comodidades, ni poderío militar que pudiera necesitar, según la creencia mayoritaria del momento, en la otra zona del Universo, es decir, bajo tierra, en el subsuelo.

En definitiva, el primer emperador del Imperio Celestial o de Todo Bajo el Cielo (otro nombre con el que también referirse a China), quiso instalarse a lo grande con Todo Bajo Tierra, dejando en las inmediaciones de Xian un incalculable legado arqueológico que ha llegado hasta nuestros días y que, es muy posible, sean necesarias varias generaciones para desentrañar sus secretos… Algo que comenzó hace cuarenta y cuatro años, cuando cuatro campesinos chinos, de una comuna popular, se decidieron a excavar un pozo de agua.

Ángel Alonso

Con cariño a mis amigos de El Club de la Frasca.


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